El anciano Blanco apareció, mientras Yolanda se escondía detrás del árbol, conteniendo la respiración y cubriendo su cuerpo con hojas.
A pesar de que la mujer frente a él era seductora, su presencia emanaba un peligro dominante.
Era como una flor que florecía en un bosque primitivo, hermosa pero venenosa, que nadie se atrevería a tocar.
—Hace mucho que no nos vemos, viejo. —la voz de la mujer parecía deliberadamente modificada, sin revelar su tono natural.
El anciano Blanco la miraba con cierta