Diego no podía creer que Clara hubiera reconocido a Violeta solo con una mirada, y que los dos habían pensado lo mismo.
En ese instante, parecía como si alguien hubiera arrancado su corazón y lo estuviera friendo en una sartén una y otra vez.
Clara, quizás temiendo que él no la creyera, bebió un sorbo de agua de limón para aclararse la garganta y continuó: —Sé que esta verdad es increíble, pero puedo estar segura de que era ella. Solo necesitamos hacer una prueba de ADN con los restos de Rosalía