Cuando ese parásito rasgó un poco la piel de Clara y se asomó, un dolor punzante se extendió desde su brazo a todo su cuerpo.
Clara se retorcía de dolor, al borde del colapso, y Luna tampoco estaba mucho mejor.
La caprichosa Luna ni siquiera se atrevía a respirar, solo podía ver impotente cómo el parásito hechicero se desprendía lentamente de su carne.
El parásito, manchado de sangre, salió con lentitud.
Clara temblaba de dolor por todo el cuerpo, aferrándose con fuerza a su ropa, con miedo de s