Clara reflexionó y sintió que algo era extraño en la familia Suárez. La quinta señorita había muerto, el señorito Suriel tenía una pierna rota y Simón también estaba al borde de la muerte. Si el verdadero culpable se encontraba dentro de la familia Suárez, entonces todos eran sospechosos.
Incluso el amable tío Leal.
En ese momento, sonó el teléfono de Simón. Clara contestó y dijo: —Señor Suárez.
—Escuché que ya has llegado y que dejaste dormido a Suriel.
La noticia se había propagado rápidamente