Yolanda parecía haber tenido una pesadilla. Cuando despertó gritando, se dio cuenta de que estaba de vuelta en la familia Blanco, ya no en la sala de operaciones.
—Yolanda, finalmente has despertado. —dijo el anciano Blanco con una sonrisa cálida en su rostro.
—¿Aún estoy viva? —Yolanda miró sus manos y piernas intactas. Durante esas horas, había sentido como si estuviera en el infierno, sin saber qué le había hecho Clara.
—Tonta niña, por supuesto que estás viva. Levántate y da un paseo.
Yoland