Este fue el último golpe que quebró a Yolanda, sus pupilas se diluyeron casi por completo debido a la desesperación.
—Parece que quiere tenerte permanentemente a su lado como una muñeca, jaja, eres tan orgullosa, el resto de tu vida se convertirá en el juguete de un hombre.
Cada una de sus palabras era como una afilada cuchilla que se clavaba directamente en el corazón de Yolanda.
—Pero no te preocupes, una vez que estés en la mesa de operaciones, tomando el bisturí en mis manos, aunque seas mi