Clara regresó a la familia Enríquez con sentimientos negativos. Pera aún no se había dormido y la habitación estaba iluminada por una cálida luz.
Isolda le mostró a Clara la bufanda que había tejido para Pera. —Te queda perfecta, mañana te tejeré unos guantes y un gorro.
—Gracias, mamá. —respondió Pera. En tan solo unos días, su aspecto había mejorado y sus mejillas se veían un poco más regordetas.
—No te comportes de manera distante con mamá. A partir de ahora, mamá tengo que compensarte mucho,