En el coche, Clara bostezaba repetidamente.
Eduardo levantó la mano y acarició su cabeza. —¿Estás cansada?
—Un poco. Todavía me estoy acostumbrando al horario de Cordovia, pero dentro de un par de días estaré bien. —respondió Clara, cerrando los ojos para descansar un rato.
De repente, Eduardo habló: —Tu compañero no ha muerto.
Clara estaba tan ocupada hoy que casi olvidó a esa persona, Memoria. —¿De verdad?
—Ezequiel no lo atrapó. En el aeropuerto, solo fingió quedarse para engañarte. Aunque te