Fausto no mostró ninguna tristeza. —No es más que un niño, ya te lo he dicho. Esa chica siempre ha sido débil, ni siquiera sabemos de dónde salió. Si quieres jugar con ella, está bien, pero no te lo tomes en serio.
Al escuchar las palabras de su padre, Joaquín apretó aún más los puños. —Padre, no olvides nuestras condiciones. Yo sirvo a la familia Guzmán, ustedes no interfieren en asuntos entre Pera y yo.
Se veía como una bestia enloquecida, con los ojos completamente rojos. —Durante todos estos