Joaquín se volvió cada vez más serio: —¿Qué quieres decir exactamente?
Clara miró a su alrededor, donde estaban los sirvientes, y dijo: —Señor Guzmán, ¿podrías acompañarme para hablar en privado?
—Sígueme.
Pera también quiso seguirlos, pero Joaquín no sabía si ella intentaría chantajearlo, así que le pidió que se quedara descansando abajo.
Clara lo siguió hasta el estudio y cerró la puerta con llave.
Cuando no había nadie alrededor, Joaquín dejó de fingir: —Señorita Suárez, se ha esforzado mucho