Paloma solía decir que no había hombre en el mundo que pudiera resistirse al rostro de Clara.
La apariencia siempre ocupaba una parte importante en los estándares de selección de pareja.
Enamorarse de una persona hermosa solo era cuestión de tiempo.
Jairo se quedó atónito al escuchar eso.
Detrás de Clara, se encontraba la imponente iglesia donde los copos de nieve danzaban en el aire. Ella irradiaba una pureza similar a la de una flor de peral. En el instante en que le sonrió, el corazón de Jair