Sin embargo, las ideas extravagantes de Felipe no terminaron. Mientras dormían, él comenzó a encontrar fallas nuevamente.
—¡Pon tus manos dentro de la manta!
—¡No dejes tus pies afuera!
—¡Asegura bien tu cuello!
—¡Deja de mirarme con ojos coquetos, no funcionará conmigo!
—¿Tienes vergüenza en absoluto? ¿No puedes ser un poco más recatado? ¿Por qué me estás coqueteando tan tarde en la noche?
Etc...
—¡Felipe! ¿No tienes límites? —Clara, incapaz de soportarlo más, se sentó y le gritó.
Su bu