Felipe estaba tumbado en el frío y húmedo suelo del cuarto de baño. El retrete estaba a su lado.
Se sorprendió e intentó incorporarse.
Jadeó de dolor. No sabía qué le dolía, pero le dolía todo el cuerpo.
Felipe se levantó, sujetándose la cintura. Se miró al espejo y sus ojos se abrieron de par en par.
Tenía marcas de arañazos en el cuello. ¡Era evidente que alguien se lo había hecho!
No tenía las marcas cuando llegó a casa anoche. Sólo podía significar que Clara era la responsable. ¿Y ella