Sin embargo, el hombre sacudió la cabeza con vergüenza.
“Mel, acabo de salir de la cárcel hace 10 días. Si cometo otro crimen, tendré un gran problema. ¿Cómo puedes pensar en venganza? ¿Qué hay de mí? ¿No te importa si me mandan a la cárcel de nuevo?”.
“¡Uff! ¡Eres inútil! ¡Cómo puede tener tan mala suerte de casarme con un cobarde con tú!”.
Melina, que sintió como si le hubieran dado una bofetada en la cara, dejó al hombre y se alejó furiosa.
“Mel, no te enojes…”.
“Mel…”.
“¡Mel!”.
El hom