“Nada…”. Charlotte trató de forzar una sonrisa a través de las comisuras de sus labios como de costumbre, pero sus lágrimas casi se desbordaron. “Solo quiero estar contigo, ¿está bien?”.
Los ojos de Zachary estaban llenos de alegría, aunque todavía se veía tan frío como un témpano de hielo en la superficie.
“Claro”.
Charlotte se acercó y lo miró.
Su rostro era tan perfecto como el de una escultura, y cada detalle parecía haber agotado todos los esfuerzos de su creador. Sus ojos, que parecían