"Está bien", respondió Zachary, aburrido. Luego estiró el brazo para alcanzar el rostro de Charlotte.
Ella no sabía lo que el hombre estaba haciendo. Estaba nerviosa, pero no retrocedió. Tampoco bajó la cara; en cambio, se quedó mirando fijamente a Zachary mientras él le secaba las lágrimas de las bolsas de los ojos con la yema del dedo.
El dedo del hombre estaba un poco frío, pero ella sintió una oleada de una sensación ardiente que se elevaba desde el parche de piel que él rozaba y recorría