Zachary, que era tan frío como una escultura de hielo, ahora estaba totalmente sonrojado.
Sin embargo, su tono sonaba tan tranquilo como siempre.
“¿Por qué me preguntas eso?”.
“Solo quiero saber”, ella lo miró detenidamente sin parpadear. A pesar de las lágrimas en sus ojos, la mirada de Charlotte era determinada y resuelta.
La garganta de Zachary tembló. Su voz sonaba un poco ronca.
“Sí”.
Era una respuesta simple, pero rara e invaluable para un hombre como Zachary, que no estaba acostumbr