El estómago me dolía de tanto reírme con mi hermana y Arturo. A diferencia de Cadie y José Luis, que, por cierto, esa cabezona cada vez que había un puente, adelantaba trabajos, hacia mil cosas con tal de tener días libres, entonces puyaba el burro a Boston para pasar con su novio.
José Luis también pasaba las Navidades en casa o algunos de nuestros cumpleaños; lo entendíamos, estaba realizando un esfuerzo muy grande y sus compromisos estudiantiles, más el trabajo en la clínica lo dejaba agotad