CAPÍTULO CIENTO VEINTIOCHO
Emily se quedó en la entrada del camino, quieta, observando hacia la puerta, en donde Aiden y los mellizos habían desaparecido. Se tocó el pecho para disipar esa sensación molesta que tenía y respiró hondo tratando de calmar los nervios que nacían en el centro de su vientre.
Marie que se había quedado al lado de la camioneta negra se acercó a ella por las espaldas y puso su mano sobre el hombro de la joven.
—Esto es lo que tenía que pasar ¿no?
—Si, lo sé —susurró Emil