Cuando el avión aterrizó en Valoria, me sorprendió descubrir que quien venía a recibirme no era cualquier persona, sino Andrés. Aquel con quien compartiría mi vida.
Una figura prominente en el mundo financiero que había aparecido en numerosas entrevistas. Con un aspecto destacable, era difícil no recordar su rostro.
Estaba de pie junto al coche, con un abrigo negro de cachemir, alto y distinguido, con un aire sereno que ocultaba una agudeza apenas perceptible. Su presencia imponente era innegabl