A duras penas escucho lo que dice la otra persona al otro lado del teléfono, pero viendo la cara del lobo, se nota que no es nada agradable y que detesta. De forma instintiva restriego suavemente mi rostro contra su mejilla y algunos pequeños ronroneos se me escapan. Reese por su parte, cierra los ojos y se deja llevar.
—¿¡Me estas escuchando?! ¿Quién está ronroneando? No me digas que te has juntado con una mujer gato.
—No... ¿Ya terminaste? Iré a dormir, tengo cosas que hacer mañana y ni te mo