Donna me mira con el ceño fruncido, noto en sus ojos que se niega a dejarme solo, pero sus palabras son un “Lo entiendo, cuidate y procura no poner tu vida en riesgo... recuerda que tienes que volver a casa”, asiento con la cabeza y le doy un pequeño beso; realmente me muero por besarla bien, pero con la mirada de mi ancestro clavada sobre mi espalda, me pone bastante incómodo. Me despido de ella mientras se aleja del lugar, de momentos mira por encima de su hombro y me dedica pequeñas sonrisas