Capítulo 247: Esa cruel maldición.

El Rey dragón se encontraba en la entrada de la cueva rocosa. Su forma humanoide brillaba con un resplandor blanco, como si estuviera hecho de la misma luz de las estrellas.

La lluvia aún caía con fuerza, por supuesto, no era una lluvia cualquiera; cada gota era un eco de su magia, una manifestación de su poder místico.

A su lado sentada, la cachorra híbrida, con sus grandes ojos celestes que reflejaban la curiosidad y el temor de la infancia, lo miraba con expectación.

—¿Nieve, cuántos año
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