En aquel entonces, él acababa de salir del trabajo y la había notado en cuclillas junto a la calle. Ella había estado consolando continuamente a una niña que lloraba a gritos. Había cantado y brincado, haciendo todo tipo de poses divertidas como si no le importara en absoluto las miradas extrañas provenientes de la multitud que la rodeaba.
Por último, lo había logrado y la niña había dejado de llorar.
Luego, había comprado un panecillo para que la niña se lo comiera en el lugar. Llamó a la pol