Ella se apresuró a decir:
—Por supuesto, está bien si no eres libre. Yo... iré sola. De todos modos, siempre iré sola.
Dijo:
—Soy libre. Puedo ir contigo. Me pregunto qué me llevaría si tuviera que presentarte mis respetos.
Ella suspiró aliviada.
—No es necesario que traigas nada. Yo prepararé el incienso, las velas y la comida. Solo debes presentarte.
Diciendo eso, ella bajó la cabeza y continuó comiendo. Al verla bajar la cabeza, sintió pena por ella en su corazón. Hablando de e