Sus finos labios estaban fruncidos. Su indiferencia le incomodó por un momento.
—¿Qué excusa crees que podemos poner? —preguntó fríamente.
—Puede ser que yo insista en divorciarme porque no encajo o que no quiera ser una señora rica que sólo se ocupa de su marido y sus hijos. También podemos decir que no estamos de acuerdo el uno con el otro. Nuestro amor perdió su realidad, así que decidimos divorciarnos. O... O tal vez me casé contigo para que me donaras tu hígado. Como logré mi objetivo,