Ella se congeló. Esos hermosos ojos de flor de durazno eran tan hermosos mientras brillaban.
Los delgados labios de él se abrieron y cerraron. Su cálido aliento se extendió por el rostro de ella, haciéndola delirar.
Sus dedos se deslizaron sobre sus ojos con un encanto irresistible. Fue como si le hubiera arrojado una piedra al corazón de ella, creando ondas.
"No, no me iría". Sus labios rojos se abrieron ligeramente mientras pronunciaba la respuesta.
¿Cómo podía dejarlo cuando él la amaba t