Carmina se fue pisando fuerte con esa arrogancia que la caracterizaba y un aire triunfador rodeándola por completo. Miró de arriba abajo a la insignificante secretaria de quinta que la observaba con desprecio desde su lugar de trabajo y se dirigió directo a los elevadores.
“¡Ya está hecho!” — Tecleó y presionó enviar.
De inmediato su móvil sonó y la voz de la otra mujer se escuchó con claridad:
— Sí, acabo de ver la foto, muy declarativa, si me permites decir…
— Bueno querida mía, ¿Eso era l