Cuando por fin llegó a su oficina, fue directo a su escritorio y se conectó a su cuenta de redes sociales, esperando encontrar alguna pista. Pero no había ni una sola señal de lo que estaba pasando.
Justo en ese momento, Diana entró cargando un montón de documentos y los dejó sobre el escritorio de Bianca.
—Estas son las propuestas de las empresas que estaban haciendo fila esta mañana. Todas quieren trabajar con nosotras. Son cien.
—¿Qué? —los ojos de Bianca se abrieron de par en par—.
¿Cien? ¡