Ahora, Bianca instintivamente se acurrucó en el sofá, temblando de miedo. Imaginaba innumerables sombras negras que se acercaban para atraparla.
—¡No, aléjate de mí! —gritó aterrada.
Aterrorizada, Bianca encendió rápidamente la linterna de su teléfono. La luz tenue alivió un poco su miedo.
Pero luego se dio cuenta de que su teléfono tenía poca batería porque había olvidado cargarlo.
Justo en ese momento, su teléfono sonó: ¡era Dave!
Aliviada, Bianca contestó de inmediato.
—Recibí un mensaje de