La sonrisa de Skylar tenía un matiz de curiosidad.
—No esperaba que realmente vinieras.
—Me costó un poco, pero era necesario —respondió Bianca, echando un vistazo al salón—. ¿No está el señor Evans contigo?
—Está atendiendo asuntos urgentes en la oficina. Se unirá más tarde —dijo Skylar, negando con suavidad.
—Entiendo. —Con el CEO aún ausente, Bianca decidió quedarse y esperar.
Los ojos de Skylar recorrieron a Bianca, quien, con su vestido blanco, irradiaba una pureza casi irreal. Un leve