Para cuando salieron de la joyería, ya había oscurecido. Rachel se frotó las sienes, y Brady lo notó enseguida.
—¿Estás bien? ¿Otra vez ese dolor de cabeza? —preguntó con preocupación sincera.
Rachel asintió, y Brady comenzó a masajearle suavemente las sienes.
Sus jaquecas eran un problema constante, empeorado por años de insomnio. Aunque Brady había conseguido los mejores medicamentos, el mal de fondo seguía ahí.
—Ya llegamos a casa. ¿Quieres que llame al Dr. Santos para que te revise? Tal v