Bianca podía ver que Reese era naturalmente hermosa.
Su corazón se aceleró al notar un leve parpadeo en las pestañas de Reese.
Su mano se quedó quieta mientras decía con entusiasmo:
—¿Reese? Por favor, despierta.
Su voz llena de esperanza pareció llegar a Reese, quien lentamente abrió los ojos.
—Bianca... —susurró débilmente, con la voz ronca y apagada—. ¿Qué… qué pasó? ¿Dónde estoy?
Bianca le tomó la mano y respondió con suavidad:
—Te desmayaste. Así que te traje al hospital.
—Oh… lo sien