Dave apretó los puños con fuerza. No podía seguir esperando.
Bianca, sin darse cuenta de lo que pasaba por su mente, creyó que estaba molesto por sus bromas.
Con suavidad, envolvió su cabeza en un abrazo, sintiendo sus respiraciones irregulares y desesperadas contra su pecho.
—Te protegeré —susurró con ternura—. No lo digo solo para consolarte, es una promesa.
Dave la sostuvo con más fuerza, hundiendo su rostro en su abrazo.
Bianca percibió la duda en él, pero insistió con firmeza:
—Confía en m