Bajo la tenue luz de la farola, Bianca giró la cabeza y se encontró con un rostro molesto.
Era Haris.
—Bianca, parece que el destino sigue juntándonos —dijo con una sonrisa ladina mientras se acercaba.
Llevaba días esperándola en su camino al trabajo, y esta vez la había atrapado por sorpresa. Para empeorar las cosas, su supuesto prometido estaba con ella.
—¿Ya tomaste una decisión, Bianca? Paga lo que debes o… —Su mirada se desvió hacia el hombre alto a su lado, y su sonrisa se volvió fría.
—H