Daniel Glint se levantó ese 15 de enero con un mal presentimiento en su pecho. Su reloj interno le decía que las cosas en su vida debían empezar a cambiar. Tal vez, hacer un viaje sería bueno. Lo supo, sobre todo, cuando días antes se comunicó con Claudia y ella le contó lo que estaba sucediendo con el guardaespaldas de Maximiliano, Benjamín Jarr. El sujeto la seguía a todas partes y el fiestero presintió que aquel hombre sentía tal desconfianza en ella, que existía la posibilidad de que alguie