Carla empuñó sus manos en su pecho, arrugando parte de la tela de su suéter color blanco.
Poco a poco fue moviendo su cuerpo hacia el interior de la habitación. La puerta se cerró y ella se deslizó como tinta hacia el suelo, arrastrando su cuerpo contra la pared.
Sus ojos inundados en lágrimas no podían emular siquiera lo que sentía, como si la palabra «mentira» rebotara en sus neuronas, como si ellas mismas, las neuronas fuesen “esa” palabra y otras, como «engaño» o «traición», destruyeran po