Punto de vista de Fátima
Repetía una y otra vez la imagen de los pliegues húmedos de Aisha bajo mis suaves dedos. Cómo temblaban sus piernas cuando rodeaba su clítoris hinchado, sus ojos expresando lo que su boca no podía.
Un rostro tan inocente, ojos grandes, mejillas sonrojadas, pero no era ninguna santa. ¿Creía que era muy astuta viendo porno debajo de las sábanas y que yo no me daría cuenta?
Lo más perturbador eran los gemidos y la voz que salían del video; no era porno suave. Era porno dur