Punto de vista del profesor Kai
¡Esa pequeña zorra! ¿Quién se creía que era?
¿Chantajeándome así? No tenía ni idea de con quién se estaba metiendo.
Mi polla seguía palpitando, la punta a punto de quemarme el pantalón. Seguía pegajosa como el infierno por su asqueroso jugo vaginal, haciendo que cada paso que daba fuera incómodo al rozar la tela áspera de mis pantalones.
El moco pegajoso que se aferraba a mi polla creaba una mancha húmeda entre mis piernas. Mis testículos y la parte interna de mi