MARISSA
En el momento en que entré en los pasillos de la casa de la manada, un escalofrío me recorrió la espalda. No era por el frío… era algo distinto. Una advertencia. Un indicio de oscuridad, de algo antinatural. No estoy sola, pero no veo a nadie.
El ambiente era vil. El olor a madera y calor estaba cubierto por algo amargo, algo podrido.
Apreté los dientes. Magia oscura.
Mi agarre en la empuñadura de mi daga se tensó mientras avanzaba, silenciosa y cautelosa. Había vivido demasiado tiempo