TURTELA
La noche olía a sangre y lluvia.
Estaba apoyada en el balcón, mirando los jardines del castillo, cuando el viento me susurró que algo se acercaba. Podía sentirlo en el frío del aire, en cómo las sombras se movían descontroladas bajo la pálida luz de la luna.
Adrian se había marchado varias horas antes, convocado para atender una crisis en su reino. No había querido irse, pero le aseguré que estaría bien y, tras una agotadora hora de persuasión repetida, finalmente se fue. No sin antes d