Mundo ficciónIniciar sesiónCapítulo quince
El juego no ha terminado Luciano apaga el motor del auto, una vez aparca frente al edificio. Le escucho suspirar por enésima vez—: Sé que no eres una niña —decide romper el tenso silencio—. Lo supe en el momento en que pusiste un pie en la oficina de la comisaría de Bianco. Ni siquiera pude reconocerte hasta que te presentaste. Solo… —hace una mueca contrariado—, me cuesta aceptarlo.— Te equivocas, Luciano —percivo el enfado en mi voz—. Dejé de ser






