CAPÍTULO 75. Una niña llamada esperanza
—¡No grites! ¡No grites! ¡Cálmate!
—¡Elliot! ¡El único que está gritando eres tú! —le dijo Kali muerta de risa antes de volver a apretar su mano con otra contracción.
El hospital solo quedaba a quince minutos pero aun así Elliot los sintió eternos. Estaba nervioso, estaba asustado, pero más que todo, estaba enojado.
—¡Yo sabía que ese infeliz iba a causar problemas! —gruñó con frustración—. No acabó de salir por la puerta y ya te había hecho enojar tanto que te pusiste de parto.
—Es que nue