Reprimo una risita mientras observo a Hunter inspeccionando su cabello en el espejo de mi tocador.
Recorriendo con la mirada su cuerpo bronceado, bellamente esculpido, aprecio su hermoso y hermoso trasero envuelto en cómodos calzoncillos negros.
—Aquí no hay ni una sola cana, pequeña pícara. Lo pagarás cuando nazcan estos bebés. —Se inclina sobre mí en la cama—. Tenemos que levantarnos. Hay mucho que hacer hoy antes de irnos a Florida. Pero primero tengo algo que quiero enseñarte.
—¿Qué es?—
—Es una sorpresa. —Inclina la cabeza y besa mi vientre hinchado—. Buenos días, monitos. Pórtate bien con mamá otra vez hoy. Quédate ahí; solo nos quedan unos meses. Aguanta.
Ha sido la mayor sorpresa de mi vida.
—¿Otra sorpresa?— pregunto.
—Sí, ahora vamos, guapa. Arriba. —Extiende las manos para ayudarme.
¡Qué rico! Tengo antojo de huevos. ¿Quién iba a decir que dejaría de comer cupcakes?
—Lo sé, qué sorpresa. Me sorprendería que Cupcakes & Castles siguiera adelante sin ti. Anda, guapa. Hora d