Víctor estaba en el patio de la prisión, entrenando con otros reos, había recibido el dinero de su querida esposa.
Gracias a ella, él saldría libre, se aseguraría de sacarle mucho dinero, de esa manera pagaría por su libertad.
Las cosas no eran tan sencillas en ese lugar, estaba mirando a la nada, distraído en sus propios pensamientos.
—Le envían saludos —murmuro un hombre cerca de su oído.
Sintió como la navaja perforo su costado, la sangre empezó a brotar de la herida manchando el suelo.
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