C131-¡NO PUEDES MATAR A MI PADRE!
Después de tres días de reposo forzado, Cassio, tan impulsivo como siempre, ya podía levantarse, aunque su herida seguía sin sanar del todo. Ignoró las súplicas de Luna para que se quedara en casa y, con esa terquedad que la sacaba de quicio, insistió en que lo acompañara a cenar a la mansión de Eros Dervishi. Luna, resignada, sabía que no tenía escapatoria.
La noche cayó sobre la ciudad, con la luna brillando fuerte en el cielo. Mientras el coche avanzaba haci