Capítulo 67. No voy a hacer eso.
Al final, gracias al ojo morado que le dejó al hombre, Julián terminó siendo trasladado a una de las celdas de castigo, y ese día el destino estaba de su parte, porque terminaron de ubicarlo al lado de donde estaba Aníbal.
Cuando estuvo seguro de que los guardias no estaban por allí, empezó a nombrarlo.
—¡Aníbal! —llamó, pero como no recibió respuesta, repitió el llamado—, ¡Aníbal! ¿Me escuchas? ¿Estás allí? —preguntó golpeando la pared, para luego quedarse en silencio para ver si escuchaba algú