—¡Es hora de levantarse!
Un extraño bulto se lanzó hacia mi cama, aplastándome. Abrí los ojos soñolienta y con algo de malhumor porque me moría de sueño y odiaba cuando alguien me interrumpía.
—¡Laura! —hice puchero, cubriéndome la cara con la sábana— Déjame dormir.
—Tu mamá me dejó pasar. Es domingo y no dejaré que te quedes sola en esta casa todo el día. Así que levántate.
—Me quedaré con mamá. Y para ser sincera no quiero terminar en la cárcel de nuevo. —me removí.
—Silvia, ya me discul