Por la noche, Rosalía regresó a casa, aún enfurecida por lo sucedido.
Su rostro estaba frío, llena de ira. Dijo: —Andrés y Andrían creen que nadie sabe de sus ambiciones y de lo andan tramando. Esta es la segunda vez que sacan este tema. ¿Acaso están obsesionados con la sucesión?
Estrella la miró con el rostro pálido y le ofreció una taza de chocolate caliente. Luego, se sentó a su lado y le dio palmaditas en la espalda, tratando de consolarla: —Abuelita, no vale la pena enojarse por gente como