Barbra.
Al bajar de mi motocicleta con el maletín entre las manos me dirijo al ascensor para subir. Al hacerlo marco el número de piso y este en minutos me deja en ese pasillo. Con pasos lentos me dirijo por el lugar y al llegar a la puerta que está al final, doy tres toques y después saco mi teléfono para marcar el número de Ric, quien al segundo tono responde.
Llamada.
—¿Qué sucedió? —habla con voz adormitada.
—Solo abre la puerta —gruño.
Corta la llamada.
Después de un minuto veo que R